Numancia: la ciudad que humilló a Roma y eligió el fuego antes que la rendición
El hambre tiene un sonido. No suena como una espada ni como un ejército avanzando. Suena peor. Suena a silencio largo, a cuerpos demasiado débiles para gritar, a una ciudad entera que ya no discute sobre la victoria porque hace días que dejó de creer en ella. Suena a piel hervida en una olla. Suena…